viernes, 15 de mayo de 2009
EJEMPLOS DE METALENGÜAJE
EL METALENGÜAJE
En multitud de ocasiones utilizamos este recurso con el que, si no se es consciente, se pueden cometer errores de interpretación.
Ya en la gramática se distingue entre uso y mención.
Bisílaba, es toda aquella palabra que tiene dos sílabas.
Pero “bisílaba” no es bisílaba. Donde “bisílaba” se refiere a la palabra en sí, no a su significado objeto.
En el lenguaje científico esta distinción es de mucha importancia.
Todo lenguaje tiene un objeto al que se dirige o refiere. Es el “lenguaje-objeto”.
Todo lenguaje que tenga por objeto un lenguaje es un “metalenguaje”, que a su vez puede ser lenguaje objeto de otro metalenguaje de orden superior, y así sucesivamente.
martes, 12 de mayo de 2009
Según la definición de Bajtín por la cual el cronotopo es el lugar donde se atan y desatan los nudos de la narrativa, podemos decir que a ellos pertenece el sentido que moldea a la narración.
Volví a París, donde escribí esta historia tal como me la contaron. No tiene más que un mérito, que quizá le será discutido: el de ser verdadera.
No saco de este relato la conclusión de que todas las chica como Marguerita son capaces de hacer lo que ella hizo, ni mucho menos; pero tuve conocimiento de que una de ellas había experimentado en su vida un amor serio, por el que sufrió y por el que murió, y he contado al lector lo que sabía. Era un deber.
No soy apóstol del vicio, pero me haré eco de la desgracia noble dondequiera que la oiga implorar.
a ) Narrador protagonista. Quizá la más frecuente sea la técnica autobiográfica, en la que el narrador y protagonista se identifican y se limita la perspectiva a aquello que el propio narrador protagonista observa.
Volví a París, donde escribí esta historia tal como me la contaron. No tiene más que un mérito, que quizá le será discutido: el de ser verdadera.
Volví a París, donde escribí esta historia tal como me la contaron. No tiene más que un mérito, que quizá le será discutido: el de ser verdadera.
No saco de este relato la conclusión de que todas las chica como Marguerita son capaces de hacer lo que ella hizo, ni mucho menos; pero tuve conocimiento de que una de ellas había experimentado en su vida un amor serio, por el que sufrió y por el que murió, y he contado al lector lo que sabía. Era un deber.
No soy apóstol del vicio, pero me haré eco de la desgracia noble dondequiera que la oiga implorar.
La historia de Marguerita es una excepción, lo repito; pero, si hubiera sido algo habitual, no habría merecido la pena escribirla.
